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(Anemia)

Tal vez vas tan ajetreado desde que te levantas hasta que te acuestas que apenas tienes tiempo para desayunar y mucho menos para asegurarte de que te alimentas bien el resto del día. Tal vez te estás quedando despierto hasta tarde para acabar los deberes y trabajos escolares y no estás durmiendo lo suficiente. La cuestión es que hay muchos jóvenes que arrastran el cansancio acumulado. Y, con todo el desgaste que suponen los estudios y las actividades extraescolares, es fácil entender por qué.

De todos modos, en algunos casos, hay otra explicación del agotamiento: la anemia.

¿Qué es la anemia?

Para entender la anemia, ayuda empezar recordando en qué consiste respirar. El oxígeno que inhalamos no se queda en los pulmones. Nuestros cuerpos lo necesitan como combustible del cerebro y demás órganos y tejidos que nos permiten funcionar. El oxígeno llega a todos esos órganos a través del torrente sanguíneo, transportado por los glóbulos rojos.

Los glóbulos rojos, que se fabrican en la médula ósea, actúan a modo de buques transportadores, transportando el oxígeno por los canales del torrente sanguíneo. Los glóbulos rojos contienen hemoglobina, una proteína que se une al oxígeno. Para fabricar suficiente hemoglobina, el cuerpo necesita tener mucho hierro. Obtenemos ese hierro, junto con los demás nutrientes necesarios para fabricar glóbulos rojos, de los alimentos que ingerimos.

La anemia ocurre cuando una persona tiene menos glóbulos rojos de lo normal. Esto puede deberse a tres razones principales:

  1. Está perdiendo glóbulos rojos.
  2. Su cuerpo está produciendo una cantidad insuficiente de glóbulos rojos.
  3. Se están destruyendo glóbulos rojos en su cuerpo.

Cada una de estas causas se asocia a un tipo diferente de anemia:

Pérdida de sangre

Cuando se pierde una cantidad reducida de sangre, la médula ósea puede compensarla sin que la persona se ponga anémica. Pero si se pierden grandes cantidades de sangre en poco tiempo, lo que puede ocurrir, por ejemplo, cuando se sufre un accidente o una lesión importante, la médula ósea no puede reemplazar los glóbulos rojos perdidos lo bastante deprisa.

Perder cantidades reducidas de sangre durante un período de tiempo prolongado también puede provocar anemia. Esto les puede ocurrir a las chicas que tienen menstruaciones muy copiosas, sobre todo si sus dietas no contienen suficiente hierro.

Anemia ferropénica

La anemia ferropénica (por deficiencia de hierro) es el tipo de anemia más frecuente entre los adolescentes norteamericanos. Ocurre cuando la dieta de una persona contiene una cantidad insuficiente de hierro. La deficiencia de hierro —cuando se reducen las reservas de hierro del cuerpo— es el primer paso hacia la anemia. Si las reservas de hierro del cuerpo no se normalizan, la deficiencia de hierro continuada hace que la producción de hemoglobina se ralentice. Cuando la concentración de hemoglobina y la producción de glóbulos rojos caen por debajo de lo normal, se dice que una persona tiene anemia. Las personas con anemia suelen estar pálidas y cansadas constantemente.

Hay otras razones nutricionales por las que el cuerpo puede fabricar una cantidad insuficiente de glóbulos rojos. Para fabricar estas células sanguíneas, se necesita vitamina B12 y ácido fólico, por lo que es importante que incluyas una cantidad suficiente de estos nutrientes en tu dieta. Cuando la médula ósea no está funcionando adecuadamente debido a una infección, una enfermedad crónica o determinados medicamentos, como la quimioterapia, también se puede desarrollar anemia.

Anemia hemolítica

En una persona con anemia hemolítica la vida media de los glóbulos rojos es más corta de lo normal. Al morir los glóbulos rojos antes de tiempo, la médula ósea no puede compensar esta pérdida para mantener una cantidad adecuada de glóbulos rojos en sangre. Esto puede ocurrir por diversas causas. Una persona puede padecer anemia falciforme o esferocitosis. En otros casos, una disfunción en el sistema inmunitario puede provocar la destrucción de glóbulos rojos. Por ejemplo, como reacción a determinadas infecciones o medicamentos, se pueden producir anticuerpos que atacan y destruyen a los glóbulos rojos por error.

¿Por qué es tan frecuente la anemia en los jóvenes?

Puesto que durante la adolescencia se hacen rápidos estirones, los adolescentes están en situación de riesgo de padecer anemia ferropénica. Durante un estirón, el cuerpo tiene mayor necesidad de todo tipo de nutrientes, incluyendo el hierro, que solo podemos incorporar a través de los alimentos que ingerimos.

Tras la pubertad, las chicas tienen más probabilidades que los chicos de padecer anemia ferropénica. Esto obedece a que necesitan más hierro para compensar la sangre perdida a través de la menstruación. El embarazo también puede ser una causa de anemia. Y algunas dietas de adelgazamiento contienen una cantidad insuficiente de hierro.

Los vegetarianos tienen más probabilidades de desarrollar anemia ferropénica que las personas que comen carne, ya que la carne roja es la mejor fuente de hierro de fácil absorción. Aunque los cereales y algunas verduras, frutas y legumbres también contienen hierro, no son tan ricos en este nutriente como la carne, y el hierro que contienen no se absorbe tan bien.

¿Cuáles son los síntomas de la anemia?

Es fácil pasar por alto los síntomas de la anemia porque este es un trastorno que, por lo general, se instaura gradualmente. Estar pálido puede ser un signo de anemia porque por los vasos sanguíneos circulan menos glóbulos rojos. El corazón de una persona anémica late más deprisa en un intento de bombear la misma cantidad de oxígeno al resto del cuerpo, por lo que puede tener el pulso más acelerado de lo normal.

A medida que la anemia va progresando, los afectados suelen sentirse muy cansados y faltarles el aliento, sobre todo al subir escaleras o hacer ejercicio. También pueden tener dolor de cabeza. La deficiencia de hierro, que ocurre antes de que se desarrolle la anemia ferropénica propiamente dicha, puede afectar a la capacidad de concentración, el aprendizaje y la memoria.

La anemia no es contagiosa, de modo que no te la puede contagiar nadie.

¿Cómo se diagnostica?

Si vas al médico porque crees que podrías tener anemia, probablemente te hará una exploración física. También te formulará preguntas sobre lo que te preocupa, los síntomas que tienes, tu salud pasada y actual, la salud de tu familia (por ejemplo, si algún pariente tuyo tiene anemia), los medicamentos que tomas, si eres alérgico a algo y otras cuestiones. Esto recibe el nombre de antecedentes médicos o, en la jerga médica, anamnesis.

Como parte de la anamnesis, es posible que el médico te haga preguntas sobre tus hábitos alimentarios. Si eres chica, tal vez te pregunte cómo sueles tener las menstruaciones, por ejemplo, si estas suelen ser copiosas, cuando menstruaste por primera vez, cada cuánto te viene la regla y cuántos días te dura.

Si el médico sospecha que puedes tener anemia, probablemente te mandará un análisis de sangre. En este análisis se determinará, entre otras cosas, la cantidad, tamaño y forma de los glóbulos rojos, el porcentaje de sangre que representan los glóbulos rojos y la cantidad de hemoglobina presente en la sangre. Con esta información, el médico sabrá si tienen o no anemia y tal vez te mande análisis complementarios (como determinar la concentración de hierro en sangre), dependiendo de lo que sospeche que puede estar provocándote la anemia.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la anemia depende de su causa. Si la anemia está provocada por una deficiencia de hierro, probablemente el médico te mandará un suplemento de hierro para que te lo tomes varias veces al día. Probablemente te volverá a mandar un análisis de sangre cuando lleves un tiempo tomando el suplemento. Aunque el análisis indique que la anemia ha mejorado, es posible que tengas que seguir tomando el suplemento de hierro durante varios meses más para recuperar las reservas de hierro de tu organismo.

Puesto que muchas personas tienen náuseas si toman suplementos de hierro con el estómago vacío, ayuda bastante tomárselos con comida. La vitamina C favorece su absorción, o sea que bébete un vaso de zumo de naranja o pomelo cuando te tomes el suplemento de hierro. Hay más formas de incrementar las probabilidades de que el organismo absorba el hierro ingerido a través de los alimentos. Por ejemplo, evita beber té junto con alimentos porque contiene una sustancia denominada tanino que reduce la capacidad del organismo para absorber el hierro. La leche también interfiere en la absorción de hierro, de modo que no tomes leche cuando comas alimentos ricos en hierro si quieres absorber bien este nutriente.

Unas personas necesitan más hierro que otras: por ejemplo, las chicas necesitan más hierro que los chicos. Y las chicas que pierden mucha sangre en la menstruación necesitan más hierro que las que pierden poca sangre.

Para estar seguro de que ingieres suficiente hierro, sigue cada día una dieta equilibrada, empezando con un buen desayuno que incluya una fuente de hierro, por ejemplo, pan o cereales enriquecidos con hierro. La carne magra, las pasas, las espinacas, los huevos, las judías secas y la melaza también son ricos en hierro.

Si la anemia de una persona está provocada por otro trastorno médico, su médico hará lo adecuado para identificar y tratar la causa. Las personas que tienen ciertos tipos de anemia necesitan ir a un especialista, denominado hematólogo, para que les proporcione cuidados médicos adaptados a sus necesidades.

La buena noticia es que en la mayoría de los casos la anemia tiene fácil tratamiento. ¡Y en cuestión de semanas, recuperarás tu nivel de energía!

Revisado por: James Fahner, MD
Fecha de la revisión: junio de 2007


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